
Hace
muchos años, allá por los mil quinientos y
pico, cuando toda la tierra que gobernaba la corona española,
era rica y pacifica y contentos pobladores, algunas veces
la calma se irrumpía, especialmente cuando llegaban
a la hermosa ciudad de Santiago de Los Caballeros, las infaustas
y malas nuevas de la toma y saqueos de Santa Marta y Cartagena,
en el reino de la Nueva Granada, Colombia.
Eran
épocas cuando las costas del Mar Caribe estaban navegadas
por los corsarios del mar dedicados a cometer fechorías
en los dominios de España en esta parte del continente.
Aquellos sinvergüenzas piratas filibusteros que tanto
asolaron las calidas latitudes de Las Antillas, también
afectaron los intereses de la Capitanía General de
Goathemala.
Debido
a la crisis que trajo consigo la proliferación de
la piratería, surgió la idea de construir
fuertes que de forma gallarda hiciera frente a los intrusos
y ladrones. Así fue que alrededor del año
de 1,650, fue construido el Castillo San Felipe de Lara,
justamente en la entrada natural del gran lago de Izabal.
De
ese modo, los españoles lograron proteger temporalmente
aquellos bellos parajes donde circulaban las piraguas cargadas
de vinos y de todos los productos de la época.
Sin embargo, se dice que 30 años mas tarde, empezaron
a llegar alarmantes noticias de los asaltos y ataques de
piratas en las bodegas del Golfo, de ahí que a partir
del año de 1,679, se iniciara uno de los capítulos
muy poco conocidos de nuestra historia: LA PIRATERÍA.
Todas aquellas aventuras e historias de incursiones de barcos
veleros con bandera de calavera, se desarrollaron alrededor
de nuestra geografía, específicamente en lo
que ahora es Puerto Barrios, Livingston, Río Dulce,
El Golfete, el Castillo de San Felipe y el lago de Izabal.
Actualmente,
el viaje por el Río Dulce definitivamente es una
de las más exóticas experiencias que los guatemaltecos
podemos disfrutar al adentrarnos a los verdes parajes que
le hacen valla natural al majestuoso río que silencioso
recorre las selvas guatemaltecas. Vale la pena recorrer
precisamente la ruta de aquellos barcos construidos de madera
que hace quinientos y pico de años fueron usados
para cometer las más crueles batallas entre españoles
y piratas. Vale la pena pues, recorrer el lago de Izabal,
pasar por el Golfete y anclar en las puertas del imponente
Castillo de San Felipe de Lara y revivir nuevamente en nuestra
imaginación los días de los PIRATAS.
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