
Ni
siquiera con una selección ganadora de un mundial
podría justificarse defender a alguien que evade
el cumplimiento de una responsabilidad.
Las
secciones deportivas de los medios periodísticos
del lunes once de febrero titulaban con pesar que “El
pescado” se encontraba arraigado. Las notas periodísticas
sobre el tema, destacaban que el jugador de la selección
de fútbol se vio imposibilitado de acompañar
al plantel a sus compromisos en Panamá, debido a
la acción penal.
Luego
de las investigaciones del caso, resultó que Carlos
“El pescado” Ruiz, se encontraba imposibilitado
de salir del país por una demanda en el juzgado tercero
de familia. La demanda contra el futbolista, según
reportan los medios, obedece a malos tratos e incumplimiento
en la entrega de pensión alimenticia.
En
la visión del Presidente de la Comisión de
Selecciones, Gerardo Ortega, la acción de la demandante
es una estrategia “para complicarle la vida a todo
un país, ya que esto se pudo arreglar con anterioridad”.
Sin embargo, -añade- a estos señores no les
importa causar el daño que están haciendo”.
De las palabras del dirigente deportivo se desprende que
la mala de la película es la demandante y no el demandado
quien, presumiblemente incumplió con una responsabilidad
como padre de familia.
El
caso cobró notoriedad porque el afectado con el arraigo
es un personaje público, un “mimado”
de la afición deportiva. Eso ha llevado a ventilar
públicamente las dificultades que cotidianamente
atraviesan miles de mujeres separadas que convertidas en
cabeza de familia, demandan el cumplimiento de responsabilidades
económicas por parte de sus ex parejas masculinas.
Lo
lamentable en este caso es el giro que se le ha dado al
tema, al destacarlo desde la óptica de la pérdida
para el país en el plano deportivo. Ni siquiera con
una selección ganadora de un mundial podría
justificarse defender a alguien que evade el cumplimiento
de una responsabilidad. Peor aún, tolerar que se
criminalice a una persona, su ex esposa, que en este caso
solo ha hecho uso de los derechos que la ley en este país
le garantizan. Derechos que resultan limitados cuando hay
tantas maneras de evadir el cumplimiento de obligaciones
paternales.
Las
autoridades de migración, al darle validez a la orden
de arraigo emitida por un tribunal de familia, cumplieron
con su deber. La demandante hizo uso de un recurso legal
a su alcance. El líder deportivo, en cambio, hizo
público un pensamiento matizado por el machismo al
censurar la acción legal y no la irresponsabilidad
de su pupilo.
Es
un discurso que, en todo caso, representa la esencia de
la visión patriarcal que lleva a criminalizar a una
mujer por el simple hecho de acudir a la ley ante una acción
cuestionable como la denunciada.
Poco
importó en ese discurso, que una de las razones de
la demanda es la acusación de mal trato por parte
del demandado. ¿Acaso tolerar el maltrato familiar
es afín con el juego limpio en el deporte?
¿Quién
le hace daño al país, la persona que desde
una posición privilegiada ante el público
comete un acto reprochable o la persona que hace uso del
estado de derecho para defenderse? ¿De qué
sirve un ídolo deportivo que en la cancha juega al
fútbol y en la casa al boxeo?
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