VOZ DE LA COMUNIDAD GUATEMALTECA EN LOS ESTADOS UNIDOS • LOS ANGELES CALIFORNIA, SEPTIEMBRE 16 - 30 2,005
No. 113• AÑO 15 • CIRCULACION QUINCENAL

EDITORIALES
Editorial: Hoy por tí, mañana por mí
La Columna del Director: Guatemaltecos: memorias de elefante
Palabras de Papel: Preguntas inocentes
Mi punto de vista: El privilegio de ser guatemalteca
Viva nuestra independencia o ¿Dependencia quizas?
 
 

La Columna del Director
Por: Byron Vásquez
byronguate@aol.com
Guatemaltecos: memorias de elefante

Hace unos años tuve la oportunidad de llevar a mis hijos a un circo mexicano que por casualidad hizo una temporada en la ciudad que vivimos. Me llamo mucho la atención porque era muy parecido a los circos que fueron mi diversión favorita en Guatemala. Estando ya en las desgastadas tablas incómodamente sentado, mi mente me transportó en un viaje imaginario a la época de mi niñez y recordé que lo que más me gustaba de los circos eran los animales. En la medida que pasaban los leones, los tigres y los perros amaestrados, recordé que el animal que siempre me cautivo fue el elefante. Es que solo su presencia hacia suponerme que el paquidermo hacia gala de una fuerza increíble; pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Curiosamente, la estaca no era más que un pedazo de madera enterrada unas cuantas pulgadas en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa yo no entendía por que si el elefante era capaz de arrancar un árbol con su propia fuerza, no podía arrancar la estaca y echarse a correr. Pasaron los años y siempre me pregunte por que el elefante de los circos siempre estaba atado a una débil estaca y nunca huía. Recuerdo que alguien me dijo que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Pero esa respuesta no me satisfacía porque si el elefante estaba amaestrado, entonces, ¿ Por que lo encanaban?. Nunca tuve una respuesta que sustentara mi curiosidad y con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca.

Esa noche, al terminar la función se me ocurrió hacerle la famosa pregunta al domador del circo y me respondió así: El elefante no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño"

En ese instante me imagine al elefantito recién nacido sujeto a la estaca tratando soltarse, pero a pesar de todo su esfuerzo no logro despojarse de la gruesa cadena y la enorme estaca. Imagine, además, que el elefantito termino el día agotado y que los días siguientes intento soltarse una y otra vez pero su esfuerzo fue en vano, hasta que un día se canso de forcejear y se resignó a su destino.
Después de la explicación entendí por que el poderoso elefante no se escapa de la estaca que lo mantiene como esclavo... es porque cree que no puede. Su cerebro esta programado de tal manera que el único registro que tiene en su memoria es el recuerdo de su impotencia, de aquella desafortunada batalla que sintió perdida poco después de nacer. Así creció y jamás ha vuelto a intentar soltarse porque piensa que nunca lo podría lograr y no se atreve a poner a prueba nuevamente su fuerza.

Entonces pensé que los guatemaltecos experimentamos las mismas deficiencias que sufre el elefante: vivimos atados a una infinidad de estacas creyéndonos incapaces de hacer muchas cosas en nuestras vidas simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Hemos grabado en nuestra memoria el recuerdo de no puedo y crecimos portando ese mensaje que nos impusimos nosotros mismos en algún momento de nuestras vidas y nunca más lo volvimos a intentar. ¿Será acaso que los guatemaltecos tenemos memoria de elefante?

 

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