Hace unos años tuve
la oportunidad de llevar a mis hijos a un circo mexicano
que por casualidad hizo una temporada en la ciudad que vivimos.
Me llamo mucho la atención porque era muy parecido
a los circos que fueron mi diversión favorita en
Guatemala. Estando ya en las desgastadas tablas incómodamente
sentado, mi mente me transportó en un viaje imaginario
a la época de mi niñez y recordé que
lo que más me gustaba de los circos eran los animales.
En la medida que pasaban los leones, los tigres y los perros
amaestrados, recordé que el animal que siempre me
cautivo fue el elefante. Es que solo su presencia hacia
suponerme que el paquidermo hacia gala de una fuerza increíble;
pero después de su actuación y hasta un rato
antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto
solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas
a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Curiosamente,
la estaca no era más que un pedazo de madera enterrada
unas cuantas pulgadas en la tierra. Y aunque la cadena era
gruesa yo no entendía por que si el elefante era
capaz de arrancar un árbol con su propia fuerza,
no podía arrancar la estaca y echarse a correr. Pasaron
los años y siempre me pregunte por que el elefante
de los circos siempre estaba atado a una débil estaca
y nunca huía. Recuerdo que alguien me dijo que el
elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Pero esa
respuesta no me satisfacía porque si el elefante
estaba amaestrado, entonces, ¿ Por que lo encanaban?.
Nunca tuve una respuesta que sustentara mi curiosidad y
con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca.
Esa
noche, al terminar la función se me ocurrió
hacerle la famosa pregunta al domador del circo y me respondió
así: El elefante no se escapa porque ha estado atado
a una estaca parecida desde que era muy pequeño"
En
ese instante me imagine al elefantito recién nacido
sujeto a la estaca tratando soltarse, pero a pesar de todo
su esfuerzo no logro despojarse de la gruesa cadena y la
enorme estaca. Imagine, además, que el elefantito
termino el día agotado y que los días siguientes
intento soltarse una y otra vez pero su esfuerzo fue en
vano, hasta que un día se canso de forcejear y se
resignó a su destino.
Después de la explicación entendí por
que el poderoso elefante no se escapa de la estaca que lo
mantiene como esclavo... es porque cree que no puede. Su
cerebro esta programado de tal manera que el único
registro que tiene en su memoria es el recuerdo de su impotencia,
de aquella desafortunada batalla que sintió perdida
poco después de nacer. Así creció y
jamás ha vuelto a intentar soltarse porque piensa
que nunca lo podría lograr y no se atreve a poner
a prueba nuevamente su fuerza.
Entonces
pensé que los guatemaltecos experimentamos las mismas
deficiencias que sufre el elefante: vivimos atados a una
infinidad de estacas creyéndonos incapaces de hacer
muchas cosas en nuestras vidas simplemente porque alguna
vez probamos y no pudimos. Hemos grabado en nuestra memoria
el recuerdo de no puedo y crecimos portando ese mensaje
que nos impusimos nosotros mismos en algún momento
de nuestras vidas y nunca más lo volvimos a intentar.
¿Será acaso que los guatemaltecos tenemos
memoria de elefante?
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