Resulta
desgarrador ver las imágenes en la televisión
las miles de victimas deambulando por lugares desconocidos
tratando de encontrar refugio; tumultos de gente ocupando
los estadios y centros deportivos; niños perdidos
en albergues improvisados, en fin.
Para
nadie es un secreto que tanto la ciudad de Nueva Orleáns,
en el estado de Luisiana como Los Angeles en California,
históricamente se consideran ciudades en alto riesgo.
La primera por encontrarse por debajo del nivel del mar
y propensa a una eminente inundación. La segunda
por estar construida en el corazón de la falla de
San Andrés y propensa a los terremotos. Durante años,
ingenieros, especialistas y ambientalistas han venido anunciando
que la ciudad de Nueva Orleáns, la más importante
y célebre en el delta del Mississippi, estaba predestinada
a ser víctima de un desastre natural si no se tomaban
medidas adecuadas. Del mismo modo, los geólogos y
eruditos en la mataría, vienen anunciando desde hace
varios años que un terremoto de grandes proporciones
podría dejar millones de victimas en la ciudad de
Los Angeles. Lo lamentablemente resulta para quienes viven
en el área de los terremotos ya que no existe prevención
alguna, más que aquella que pueda llegar del Supremo
Creador. La solución más segura podría
ser el moverse de Estado.
Sin lugar a dudas, Katrina, se convirtió en el monstruo
natural que arrasó los estados de Louisiana, Mississippi
y Alabama. Tristemente, Nueva Orleáns fue la ciudad
mas afectada porque precisamente se encuentra situada bajo
el nivel del mar, rodeada únicamente por 13 diques,
que hasta antes del huracán evitaban las inundaciones
provenientes del lago Pontchartrain y del río Mississippi.
Por
años, los científicos venían advirtiendo
que un golpe directo de un huracán de la categoría
de Katrina sobre Nueva Orleáns, podría causar
una inundación masiva, que era necesario fortalecer
las defensas de la ciudad, particularmente el sistema de
aliviaderos y bombeo porque estos no resistirían
las condiciones extremas de un temporal.
Los
trabajos nunca se realizaron y lo que más se temía
por fin sucedió; los diques no aguantaron las embestidas
de Katrina. El precio resultó demasiado alto en vidas,
en el destino de una ciudad y su pueblo y principalmente
en el costo para la economía de toda la región.
Indudablemente, de acuerdo a lo expresado por el presidente
Bush, la ciudad de Nueva Orleáns será reconstruida
sin importar la inversión que habrán de realizar.
Sin embargo: ¿Como se recupera un pueblo de una catástrofe
tan grande cuando lo ha perdido todo? Resulta desgarrador
ver las imágenes en la televisión las miles
de victimas deambulando por lugares desconocidos tratando
de encontrar refugio; tumultos de gente ocupando los estadios
y centros deportivos; niños perdidos en albergues
improvisados, en fin.
Pero, mas allá de buscar responsables del fenómeno
natural que arremetió con la ciudad de Nueva Orleáns,
los guatemaltecos, principalmente los residentes en los
Estados Unidos debemos asumir nuestra responsabilidad aunando
nuestros esfuerzos para asistir a las victimas. Porque debemos
recordar que hoy por tí, mañana por mí.
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