La
imagen de las modelos altas y delgadas ha quedado a un lado;
ahora es el tiempo de las mujeres con cuerpos ligeramente
abultados.
Estados Unidos, se ha convertido en una nación de
gorditos y gorditas, de modo que las agencias de publicidad
retornan a la realidad con nue-vos anuncios en los cuales
se resalta la belleza de las curvas femeninas. Durante décadas,
el ideal de cuerpo femenino ha sido escaso de pulpa y abundante
en huesos, para beneficio de las supermodelos que ganan
millones, y para tortura, claro, de las adolescentes que
desean mantenerse en línea.
La paradoja
ha generado consecuencias nada glamorosas: millones de mujeres
con trastornos alimenticios, miles de millones de dólares
gastados en dietas, ejercicios y cirugías sin otra
justificación más que la estética.
Pero últimamente, la tendencia cambió. Primero,
Dove lanzó una campaña de grandes anuncios
en los que aparecen seis mujeres con ropa interior blanca,
que no son exactamente gorditas, pero tampoco exhiben hombros
y caderas angulares, vientres chatos ni pechos pubescentes.
Las modelos aparecen descalzas, con la sonrisa confiada
de mujeres satisfechas con sus cuerpos, para beneficio del
producto de turno: una crema que “hace más
firmes las curvas de la belleza femenina”.
Tampoco
se queden atrás
En los anuncios para televisión de Chicken of the
Sea, varios hombres miran embobados a una chica de cintura
estrecha en medio de pechos y caderas amplias.
Pero
cuando la chica sube al ascensor, suelta un suspiro y con
él se libera un vientre más flojo, con el
cual puede identificarse la mayoría de las mujeres.
Por su parte, la multinacional Nike lanzó otra campaña
publicitaria que es aún más directa en el
uso comercial de las curvas femeninas.
La campaña
se titula Big Butts, Thunder Thigs, que podría traducirse
aproximadamente como “traseros grandes, muslos que
truenan”. La idea no es novedosa: en 1997, la ca-de-na
de tiendas Body Shop desarrolló una campaña
bajo el título Ama a tu cuerpo, que mostraba una
muñeca plástica llamada Ruby, de abundancia
“rubensiana”.En los carteles y anuncios impresos
en revistas de Body Shop, la muñeca decía
a las lectoras: “Hay 3 mil millones de mujeres que
no lucen como supermodelos, y sólo ocho que lo son”.
NUEVAS
TENDENCIAS
La publicidad a veces marca rumbos en las preferencias de
los consumidores, y otras veces acierta en seguir el rumbo.
En los años 60, la entonces famosa modelo Twiggy
-nombre que viene de la palabra inglesa “twig”,
“ramita”- impuso su imagen huesuda a la generación
de las minifaldas. Los primeros miembros de esa generación
ya han cumplido 60 años y los más jóvenes
pasan de los 40, de modo que los anuncios parecen mostrar
que tienen menos interés en exhibir unos cuerpos
entre esbeltos y francamente mal nutridos.
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