|
Ser guatemalteca es algo de lo que siempre me ha llenado
de orgullo. Desde que tengo uso de razón me he considero
una persona muy patriota y profundamente ligada a mis raíces.
Sin embargo, no fue sino hasta que me vine a vivir a los
Estados Unidos cuando realmente empecé a valorar
y entender que ser guatemalteca es mucho más que
haber nacido un país.
Es que, estando lejos de la patria amada es cuando valoramos
lo que allá dejamos y aunque me siento agradecida
de vivir en Estados Unidos, porque ha sido el país
que vio nacer a mi hija y, en lo personal (como a muchos
extranjeros) me ha dado un sin número de oportunidades.
GUATEMALA es mi patria, mi hogar, mi todo; el pedacito de
tierra que dejé atrás en donde me formé
para ser la persona que soy hoy.
Cuando
estamos lejos de la patria, podemos ver con claridad lo
que en realidad tenemos y sin lugar a dudas aunque se esté
rodeado de gente y se viva una vida aparente cómoda,
la SOLEDAD es una compañera que hace acto de presencia
tarde o temprano. Ese sentimiento ha tocado mi puerta, al
igual que la de muchos compatriotas que viven en este país
en las mismas condiciones. Es increíble, pero solo
el escuchar el nombre de Guatemala en las noticias, en una
revista o, en un simple comentario, es motivo para que se
me haga un nudo en la garganta. No digamos cuando he tenido
la suerte de encontrarme con compatriotas.
Estando
lejos de mi Guatemala es cuando más extraño
la comida que cocinaba mi mamá y de la que en una
infinidad de veces renegaba, porque prefería la comida
rápida. En cambio aquí, a pesar de que esos
restaurantes abundan, ni siquiera me apetecen y lo que más
quisiera es tener una cena de aquellas que preparaba mi
madre. ¿A veces me pregunto por que tenía
que venirme tan lejos para valorar lo que en “Guate”
tenía? Recuerdo con nostalgia las veces que mi papá
nos iba a dejar a la parada del bus y ponía “su”
música de marimba y mi hermana y yo, le bajábamos
el volumen o le exigíamos que la cambiara por música
de moda. Sin embargo, ahora que vivo tan lejos, tengo mis
cds de marimba que escucho frecuentemente y me sacan las
lágrimas. ¿Irónico verdad?
En fin, lo que sí considero importante es que más
allá de vivir solo de recuerdos y del pasado que
no vuelve, ser chapina estando en USA significa una doble
responsabilidad, significa que lo que yo soy y lo que yo
hago no es solo un mérito personal sino que es una
muestra de que GUATEMALA produce gente que vale y que está
dispuesta a marcar la diferencia cueste lo que cueste.
|