Se
dice que tanto la antigua ciudad de Chiquimula, así
como la actual ciudad, han sido fundadas en el cráter
de un extinguido volcán que existió en época
prehistórica, con la creencia de que una vez extinguido,
se formó un lago. El mismo, sin duda, al impulso de
alguna conmoción geológica, desaguó de
oeste a este y de sur a norte, como lo demuestra la superficie
del terreno en que está edificada actualmente la ciudad,
que presenta un plano inclinado para cada uno de esos rumbos
cardinales que corresponden a los ríos Tacó
y San José, así como al riachuelo Shusho. Además,
la ciudad se encuentra rodeada de lo que la gente han dado
en llamar chatún, que es la piedra volcánica
arrojada en la última erupción que hizo el ahora
extinguido volcán.
El departamento de Chiquimula es uno de los más importantes
del oriente de Guatemala, tanto por su situación geográfica,
como por sus relaciones étnicas desde la época
prehispánica.
Su población originaria fue la etnia mayanse ch’orti’
de amplia difusión en todo el departamento, antes del
arribo del hombre occidental en el siglo XVI.
El Señorío Ch’orti’ era de los más
pujantes para el comercio hacia el sur de Mesoamérica,
por su proximidad a centros ceremoniales de Copán (en
la actual República de Honduras) y Quiriguá
en el departamento de Zacapa. Por ello, se habló hasta
en el siglo XVI, los idiomas chol, cholán y chontal,
actualmente extintos.
Durante el siglo XVIII fue la ciudad más importante
del este guatemalteco, su riqueza ganadera y el paso a Esquipulas
atraían a muchas personas. A principios del siglo XXI.
Quien se dirige a Chiquimula por carretera, tiene que recorrer
168 kilómetros desde la ciudad de Guatemala. Cuando
el vehículo gira en una curva puede verse la llamada
Perla de Oriente. A partir de ahí se continúa
con el viaje entre árboles de morro que permanecen
siempre verdes.
Al llegar a las proximidades de la ciudad, un centro universitario
sobre la carretera anuncia que el área urbana de Chiquimula
empieza. A ambos lados de la carretera vivaces buganvilias
en colores morado, naranja o blanco, saludan al viajero, con
su lento vaivén que el cálido viento mece pausadamente.
La ciudad tiene tres entradas, la primera que aparece en la
carretera lleva al viajero por un barrio donde el monumento
más llamativo es el templo de Minerva, una vieja estructura
que recuerda las fiestas en honor a la diosa romana de la
sabiduría. La segunda entrada, la principal, lleva
a los visitantes al Parque Central, aunque por un recorrido
serpenteante.
Entrar por la tercera vía de acceso permite tres cosas,
observar por la carretera las ruinas de la Iglesia Vieja,
con lo que fuera una alta ventana de la añeja casa
parroquial, confundida con un convento, transitar frente al
cementerio de la localidad y pasar por la iglesia del Calvario,
antes de llegar al parque.
La gente de esta región es muy amistosa. Basta preguntar
por una dirección y fácilmente la conversación
se prolonga. Sin importar si el que pregunta es un extraño,
los chiquimultecos son conversadores natos: el clima, los
precios, el tráfico o los precios del ganado son temas
para tratar frente a la barbería o la tienda, lo mismo
que la política nacional o local. Si algo encontrará
con facilidad el viajero es la oportunidad de intercambiar
opiniones, no sólo con personas mayores, sino con jóvenes
e incluso niños.
La animación de la ciudad está en el Parque.
Frente al espacio jardinizado, ornamentado con esculturas
de mármol que representan al teatro clásico
y con un kiosko coronado con una cúpula, está
la iglesia, dedicada a la Virgen del Tránsito, y la
Asunción. La construcción fue dañada
por los seísmos, incluido el terremoto de 1976, por
lo que lo único que se conserva del pasado es la fachada
y la disposición de la cúpula.
El diseño del templo original fue de Manuel de Porres
y se concluyó en 1790. Esa fue una de las épocas
de mayor auge de la región. El producto de exportación
del Reino de Guatemala era el añil, que se cultivaba
en la costa del Pacífico, desde la actual Chiapas hasta
El Salvador, y se empacaba en cuero de res. La crianza de
ganado vacuno se realizaba en el llamado Corregimiento de
Chiquimula de la Sierra, que abarcaba los actuales Chiquimula,
El Progreso, Zacapa e Izabal, y Chiquimula era la cabecera.
Además, en esa región se criaban mulas para
el transporte hacia el Golfo Dulce, para embarcar los cueros
con añil. Por esa riqueza, los habitantes de Chiquimula
financiaron su iglesia y la encargaron a uno de los más
importantes arquitectos de Guatemala. Junto a la iglesia se
encuentra el mercado. Es una estructura reciente, débilmente
iluminada, atestada de comercios, desde carnes y embutidos
recién hechos, hasta las variantes de pan que se elaboran
en las regiones aledañas a la cabecera, sombreros y
artículos de cuero.
Una huella del pasado
Uno de los atractivos de la ciudad son los restos de un templo
que está en las afueras, que puede visitarse a un kilómetro
del parque. Según el investigador Alfredo Ubico, Chiquimula
era un sitio defensivo que fue conquistado hacia 1530.
Allí se fundó San Nicolás de Chiquimula,
una pequeña población donde vivía gente
de idioma chorti’. Los castellanos y mestizos ocuparon
terrenos para actividades ganaderas, lo que se volvió
rentable a finales del siglo XVII. Fue entonces cuando los
pobladores decidieron levantar una vasta iglesia. Ya en el
siglo XVIII, la parroquia había cambiado su nombre,
por el de la Santísima Trinidad. Pero el 2 de junio
de 1765, fuertes vientos dañaron la población,
un día después se produjo un seísmo y
al siguiente una tempestad. El pueblo quedó destruido
y hubo numerosas muertes, narró el Arzobispo Pedro
Cortés y Larraz. Personas de escasos recursos quedaron
en las inmediaciones de la iglesia destruida, y al visitarla,
el viajero actual puede percibir ese aire de melancolía
que conserva la Iglesia Vieja.
El departamento de Chiquimula, localizado al oriente de la
república, con un área aproximada de 2,376 kilómetros
cuadrados, colinda al norte con Zacapa, al este con la República
de Honduras; al sur con la República de El Salvador
y el departamento de Jutiapa y al oeste con Jalapa y Zacapa.
Según el censo de población de 1994, el total
de habitantes era de 230,767, de los cuales el 29.54% eran
indígenas. El idioma mayanse predominante es el ch’orti’,
el cual se habla en los municipios de Jocotán, Camotán
y Olopa.
Durante la Colonia el territorio de Chiquimula era extenso,
pues abarcaba parte del territorio de Honduras hasta Copán
y El Salvador. Por esa razón llegó a ser la
capital del reino Payaquí, Chiquimulhá o Huaytloto.
Al arribo de los españoles, el reino se encontraba
dividido en pequeños cacicazgos y señoríos,
siendo los principales Chiquimulhá, Xocotán,
Copantl y Mitlán.
Fue erigido departamento por Decreto de la Constituyente el
12 de septiembre de 1938, pero por lo grande de su territorio,
por Decreto del Ejecutivo del 10 de noviembre de 1871 se dividió
en dos y se formaron los departamentos de Chiquimula y Zacapa.
Su territorio es quebrado y debido a que el macizo montañoso
es irregular, pues sus alturas varían entre los 1,350
metros sobre el nivel del mar en Olopa, y los 435 en San José
La Arada, su clima aunque es bastante parejo, tiene algunas
variantes. En el municipio de Quezaltepeque sobresale el volcán
que lleva el mismo nombre. Sus tierras son fértiles
pues las riegan varios ríos de importancia como el
Grande o Motagua, el Jocotán, el San José, el
Shutaque y el Copán.
Las principales carreteras que atraviesan el departamento
son la ruta nacional 18 que parte de la capital y conduce
a Esquipulas, la ruta nacional 20 que proviene de Zacapa,
pasa por Concepción Las Minas y conduce a la frontera
y la CA-10 que pasa por Esquipulas y llega a la frontera con
Honduras.
Los productos agrícolas más importante son maíz,
arroz, frijol, papa, café, caña de azúcar,
cacao y banano. En cuanto a la producción artesanal,
es variada, pues por la abundancia de palma hacen trenzas,
sombreros y escobas; con el barro elaboran cerámica,
teja y ladrillo. Trabajan también instrumentos musicales
y muebles de madera. En la cabecera departamental trabajan
jícaras y guacales de morro, hacen candelas, productos
de cuero y cohetería, esta última especialmente
en Esquipulas.
Algo importante de mencionar es la visita tradicional que
los fieles católicos hacen al Santo Cristo de Esquipulas,
también conocido como el Cristo Negro, obra del escultor
Quirio Cataño por encargo del Provisor Eclesiástico
y Vicario General del Oriente, Cristóbal de Morales
en 1594. El Santuario que fue construido por orden del Arzobispo
Fray Pedro Pardo de Figueroa y terminado en 1758. El Santuario
Nacional de Esquipulas fue consagrado el 15 de diciembre de
1951 y elevado a la categoría de Basílica Menor
en 1961.En un predio aledaño al templo se construyó
un mercado donde se venden hortalizas, frutas y artesanías.
En la calle principal y otras calles aledañas venden
reliquias (medallas, escapularios, cuadros y fotografías
con la imagen del Cristo Negro) así como dulces y artesanías
nacionales y de El Salvador, Honduras y México.
Esquipulas es a la fecha un centro religioso y turístico,
el cual es visitado por miles de personas cada año
durante la Semana Santa y, especialmente el 15 de enero, Día
del Señor de Esquipulas, el cual se celebra con mucha
pompa. Los visitantes proceden no sólo del territorio
nacional, sino de países centroamericanos y México,
pues consideran a esta imagen como milagrosa.
Algunos visitantes acostumbran entrar de rodillas a la iglesia,
unos desde el lugar donde está situado El Calvario
y otros desde la puerta principal o donde inician las gradas
del atrio. |