Guatemala parece ser un pueblo pre destinado a sufrir no solo
las embestidas y caprichos que se le antojen a la Madre Naturaleza.
Pareciera también que su pueblo se ha resignado a vivir
aguantando los desmanes de sus dirigentes políticos.
Si analizamos detenidamente los acontecimientos que han tomado
lugar en el país durante los últimos 40 años,
fácilmente podríamos encontrar desastres que
han truncado el poco desarrollo alcanzado por la sociedad
chapina. Analicemos primeramente los naturales: ¿Quien
no recuerda el movimiento telúrico de grandes proporciones
que durante el año 76, le arrebato la vida a decenas
de miles de guatemaltecos y dejo al país en la miseria?
¿Que decir del huracán Mitch que en el año
99, dejo decenas de muertos, zonas enteras desbastadas y detuvo
cualquier despunte de progreso de la sociedad? ¿Y que
decir del reciente fenómeno natural que arremetió
con toda su fuerza en contra del pueblo guatemalteco dejando
a su paso comunidades soterradas, centenares de cadáveres
y, en la actualidad mantiene a una basta región incomunicada
con el resto del país?
La secuela de los desastres naturales, pues, son por demás
tristes y desoladores: luto, dolor, hambre, epidemias y miseria
será lo que les tocará vivir a nuestros hermanos
guatemaltecos quien sabe hasta cuando.
Pero ahora analicemos los desastres provocados por los desmanes
de sus dirigentes políticos. ¿Quien se puede
olvidar del conflicto armado iniciado por un grupúsculo
de terroristas que mantuvo confrontada a la sociedad por más
de 30 años y que dejara más de 300 mil muertes
en todo el país?
Sin duda alguna, la secuela del desastre social más
grande de la historia del pueblo guatemalteco, aun la seguimos
viviendo y ésta, ha sido gracias a la miopía
de nuestros dirigentes políticos.
Recuperarse de un desastre natural es bastante difícil,
sin embargo se logra cuando el deseo de sobrevivir es genuino
en la sociedad. ¿Pero, como recuperarnos de los desastres
sociales provocados por el mismo hombre, cuando ha pisoteado
la dignidad de sus semejantes?
Aquí en los Estados Unidos, por ejemplo, desde el año
de 1995, viven ilegalmente más de 300 mil compatriotas
victimas no solo de la guerra, sino también de la miopía
política del entonces presidente Alvaro Arzú.
Al mandatario, poco le importo saber que al haber firmado
los supuestos acuerdos de paz con el grupúsculo de
terroristas, dejaba sin protección legal a casi un
cuarto de millón de victimas del conflicto armado y
quienes hasta el día de hoy, sufren la persecución
de la migra. Lamentablemente, la miopía de Arzú,
no paro ahí, porque volvió a incidir en su arrogancia
y con su poca visión política dejo fuera nuevamente
a más de medio millón de compatriotas, al no
solicitar el TPS (por sus siglas en Ingles) al gobierno de
los Estados Unidos durante el desastre provocado por el huracán
Mitch.
Le toca hoy el turno al presidente Oscar Berger. Nuestro actual
mandatario tiene en sus manos la oportunidad de aliviar en
parte la secuela que vive una comunidad olvidada y huérfana
de patria. Ojala que nuestro presidente no se haya contagiado
de la misma enfermedad que sufría Arzú, durante
su mandato y tome muy en serio su función. Que al igual
que lo han hecho los presidentes de Nicaragua, Honduras y
el Salvador, se una a la petición presentada por sus
conciudadanos ante el gobierno de los Estados Unidos. En conclusión,
ojala que Berger, no se olvide de los chapines que sufren
en la distancia la secuela de los desastres políticos
creados por intereses mezquinos de unos cuantos malos guatemaltecos.
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