| Las
prioridades de la sociedad guatemalteca deben cambiar como
consecuencia de la tormenta Stan.
LAS TRAGEDIAS TIENEN
la particularidad de constituirse en posibilidades de cambios
fundamentales dentro de una sociedad. Una guerra devastadora,
por ejemplo, permite hacer un alto en el camino y preguntarse
de las causas y de los efectos. Muchos países han emergido
de sus cenizas como consecuencia de una tragedia bélica.
Por esa causa, existe la posibilidad de un cambio de esa magnitud
en la sociedad guatemalteca ante una situación de calamidad
generalizada, cuya peor característica es ser silenciosa,
en el sentido de necesitar de la labor informativa de la prensa
para permitirle a los ciudadanos no afectados directamente
tomar conciencia de la magnitud de lo ocurrido. En ese sentido,
una catástrofe puede ser también una oportunidad
LAS PRIORIDADES DE LA sociedad deben cambiar. Al pensar en
las causas de una hecatombe como la recientemente ocurrida
en nuestro país, no se debe uno quedar en el campo
de la geografía, de la geología o del medio
ambiente. Todos estos elementos contribuyen, obviamente, pero
también es necesario pensar en por qué son algunos
grupos sociales los más afectados, y ver entonces la
relación existente entre el subdesarrollo y la pobreza
del país, con la mortandad de personas y con los demás
efectos. A nadie debe quedarle duda de la relación
existente entre estos factores, porque la pobreza es la causa
del aumento del número de damnificados, como hace unas
cuantas semanas lo comprobó el huracán Katrina
y sus efectos en el estado con mayor pobreza de la unión
americana. Stan hizo lo mismo en Guatemala.
LAS INVERSIONES NECESARIAS para realizar la tarea de la reconstrucción
alcanzan sumas cuya enormidad las hace prácticamente
inalcanzables. En otras palabras, el nivel de subdesarrollo
generalizado del país sólo tiene posibilidades
de aumentar. Los indicadores sociales de salud, educación
-nivel de vida, en general- disminuirán hasta colocarnos
al mismo nivel de Haití e incluso al de algunas de
las regiones más atrasadas del continente africano.
Por eso, las prioridades en el uso de los fondos estatales
deben ser distintas, pensadas con criterios de beneficio popular
directo e inmediato, con la idea de solucionar tanto los problemas
de subsistencia como los de preparación para el mejoramiento
a mediano plazo de las condiciones de vida.
EL PAÍS DEBE ABRIRSE a la colaboración extranjera,
sin detenerse a pensar en las motivaciones reales o supuestas.
Ya habrá la manera de solucionar los problemas causantes
por la aceptación de esos dineros o ayudas de cualquier
tipo. Los gastos propios del Estado deben ser sometidos a
revisiones profundas: reducir todo aquello no urgente, para
con ello demostrarle al mundo un cambio en la actitud. Es
momento de preguntarse, por ejemplo, si esta sociedad se puede
dar el lujo de tener un congreso multitudinario como el actual,
o el país puede pertenecer a organizaciones internacionales
no fundamentales, o participar en programas donde sean invertidos
fondos indispensables para acelerar el proceso, por ejemplo,
de eliminación del analfabetismo.
LA TRAGEDIA OBLIGA también a la participación
conjunta de los esfuerzos de sectores sociales diversos para
lograr, mantener y realizar una serie de acuerdos mínimos,
más allá de los intereses partidistas o sectoriales.
No se puede continuar con la actitud de estar reinventando
el país cada cuatro años, cambiándole
la dirección al rumbo de la administración pública,
según el capricho de una persona o los criterios de
un grupo específico. El primer cambio necesario es
el de no cerrar los ojos a la realidad y enfrentar otras,
como el nivel de racismo y de rechazo grupal existente en
nuestra sociedad. Pero ello no se logrará porque un
caudillo salga de la nada, sino porque los ciudadanos y quienes
guían al país lo mediten primero y lo realicen
después.
Mario Antonio Sandoval,
columnista de Prensa Libre, Guatemala.
|