VOZ DE LA COMUNIDAD GUATEMALTECA EN LOS ESTADOS UNIDOS • LOS ANGELES CALIFORNIA, OCTUBRE 16 - 31 2,005
No. 114• AÑO 15 • CIRCULACION QUINCENAL

EDITORIAL - OPINIONES
La secuela de los desastres en Guatemala
Dios no castiga
Nadie vive más de 100 años
Las prioridades deben cambiar
¿Estaremos acabando con la tierra?





CON OJOS DE MUJER
Por: Sofia Sierra [jeykas15@aol.com]
Nadie vive más de cien años

Desde ese momento empecé a darle más valor a mi vida, aprendí a ser yo misma sin que nadie manipule mis sentidos.
Desde niña escuchaba a mi abuelita decir que la vida solamente la tenemos prestada y que por lo tanto debemos saberla vivir y, verdad, tenía razón. Si nos damos cuenta la vida esta llena de emociones: cuando puedes estar tranquila, puedes estar alegre, triste, alterada, aburrida o envuelta en algún problema ya sea de índole económico, social o de amor…¡si de amor!...de esos que cuando te peleas con tu amorcito y te sientes atrapada pensando que si no estas con él, la vida se te acaba y hasta pierdes el horizonte. Pero, que tal cuando un ser querido tiene alguna enfermedad…¡Ese sí que es problema! pues no esta en tus manos la salud de nuestra familia y ni con todo el tesoro del mundo podríamos devolver la sanidad a nuestros seres queridos. Es ahí donde vale la pena detenernos un poco para pensar que en realidad la vida la tenemos prestada. Es en esos momentos donde nos debemos dar cuenta que nadie vive mas de cien años y menos con la vida tan agitada que llevamos, tarde o temprano todos nos vamos a ir de este mundo.
Me gustaría compartir con ustedes algo que me sucedió recientemente y que me hizo ver la vida diferente:
Un día se me presento la oportunidad de viajar a Guatemala. Lamentablemente las fechas coincidían con un concierto de Gloria Trevi, al cual ya había hecho mis planes de ir y que para el colmo ya tenia mis tiquetes comprados. Estaba indecisa si viajar o quedarme al show. De repente me entro una nostalgia por mi país y sentía que algo dentro de mí ser me decía ve a Guatemala. Y bueno, seguí mi corazonada, cambie mis boletos del concierto por los de avión y me fui a mi país. A mi llegada, mi familia me estaba esperando muy alegre y como buenos chapines la fiesta no se hizo esperar. Al llegar la noche y antes de irme a dormir, fui a despedirme de mi abuelita con un beso en la frente. La viejecita de 85 años edad estaba ya casi dormidita al momento en que deje su habitación. La mañana siguiente sentí una extraña sensación y un impulso me llevo nuevamente a su habitación. Para mi sorpresa la encontré en la misma posición de la noche anterior, con sus ojitos cerrados. Cuando me acerque para hablarle estaba profundamente dormida… tan dormida que ya nunca volvió a despertar. Mi asombro fue tan fuerte que no sabia que hacer ni como decirle a mi madre que mi abuelita había fallecido. En ese momento me pregunte a mi misma: ¿En donde esta esa manera de pensar mía, no que nadie es eterno? A mi abuela le llego el día y tengo que ser fuerte para darle valor a tu madre. Me arme de valor y salí de la habitación directamente a la de mi mama para contarle lo que había sucedido. En verdad, nunca había estado tan cerca del final de alguien y mucho menos de un ser tan querido como mi abuelita.
Desde ese momento empecé a darle más valor a mi vida, aprendí a ser yo misma sin que nadie manipule mis sentidos. Aprendí a disfrutar cada minuto del día, a entender que la vida esta llena de obstáculos y problemas pero si no fuera así, la misma vida no tendría sabor.
Moraleja: No nos compliquemos la vida porque al final de todo, nadie es eterno ni logramos vivir más cien años.

 

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