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Desde
ese momento empecé a darle más valor a mi vida,
aprendí a ser yo misma sin que nadie manipule mis sentidos.
Desde niña escuchaba a mi abuelita decir que la vida
solamente la tenemos prestada y que por lo tanto debemos saberla
vivir y, verdad, tenía razón. Si nos damos cuenta
la vida esta llena de emociones: cuando puedes estar tranquila,
puedes estar alegre, triste, alterada, aburrida o envuelta
en algún problema ya sea de índole económico,
social o de amor…¡si de amor!...de esos que cuando
te peleas con tu amorcito y te sientes atrapada pensando que
si no estas con él, la vida se te acaba y hasta pierdes
el horizonte. Pero, que tal cuando un ser querido tiene alguna
enfermedad…¡Ese sí que es problema! pues
no esta en tus manos la salud de nuestra familia y ni con
todo el tesoro del mundo podríamos devolver la sanidad
a nuestros seres queridos. Es ahí donde vale la pena
detenernos un poco para pensar que en realidad la vida la
tenemos prestada. Es en esos momentos donde nos debemos dar
cuenta que nadie vive mas de cien años y menos con
la vida tan agitada que llevamos, tarde o temprano todos nos
vamos a ir de este mundo.
Me gustaría compartir con ustedes algo que me sucedió
recientemente y que me hizo ver la vida diferente:
Un día se me presento la oportunidad de viajar a Guatemala.
Lamentablemente las fechas coincidían con un concierto
de Gloria Trevi, al cual ya había hecho mis planes
de ir y que para el colmo ya tenia mis tiquetes comprados.
Estaba indecisa si viajar o quedarme al show. De repente me
entro una nostalgia por mi país y sentía que
algo dentro de mí ser me decía ve a Guatemala.
Y bueno, seguí mi corazonada, cambie mis boletos del
concierto por los de avión y me fui a mi país.
A mi llegada, mi familia me estaba esperando muy alegre y
como buenos chapines la fiesta no se hizo esperar. Al llegar
la noche y antes de irme a dormir, fui a despedirme de mi
abuelita con un beso en la frente. La viejecita de 85 años
edad estaba ya casi dormidita al momento en que deje su habitación.
La mañana siguiente sentí una extraña
sensación y un impulso me llevo nuevamente a su habitación.
Para mi sorpresa la encontré en la misma posición
de la noche anterior, con sus ojitos cerrados. Cuando me acerque
para hablarle estaba profundamente dormida… tan dormida
que ya nunca volvió a despertar. Mi asombro fue tan
fuerte que no sabia que hacer ni como decirle a mi madre que
mi abuelita había fallecido. En ese momento me pregunte
a mi misma: ¿En donde esta esa manera de pensar mía,
no que nadie es eterno? A mi abuela le llego el día
y tengo que ser fuerte para darle valor a tu madre. Me arme
de valor y salí de la habitación directamente
a la de mi mama para contarle lo que había sucedido.
En verdad, nunca había estado tan cerca del final de
alguien y mucho menos de un ser tan querido como mi abuelita.
Desde ese momento empecé a darle más valor a
mi vida, aprendí a ser yo misma sin que nadie manipule
mis sentidos. Aprendí a disfrutar cada minuto del día,
a entender que la vida esta llena de obstáculos y problemas
pero si no fuera así, la misma vida no tendría
sabor.
Moraleja: No nos compliquemos la vida porque al final de todo,
nadie es eterno ni logramos vivir más cien años.
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