El crecimiento demográfico que en los últimos
años viene experimentando la comunidad guatemalteca
residente en los Estados Unidos, ha generado una infinidad
de necesidades. Entre las más comunes tenemos: mantener
viva nuestra identidad, nuestras costumbres, y nuestras tradiciones.
Ese crecimiento, sin embargo, ha despertado el apetito en
aquellos individuos inescrupulosos que buscan únicamente
satisfacer sus instintos políticos y comerciales y
se vienen enquistando en la intimidad de nuestra comunidad
como parásitos. Hace varios años tuvimos que
aguantar la ambición de un personaje, que gracias a
su osadía logro crear una empresa de viajes muy exitosa
aquí en la ciudad de Los Angeles. El “capitán”,
como se hacia llamar, se enquisto en el consulado de Guatemala
y llego a tener tanto poder en la misión consular que
sobornaba a los cónsules de turno, a cambio de tener
una agencia de viajes donde obligaban a los incautos guatemaltecos
a comprar los boletos aéreos.
Fueron épocas difíciles para el desarrollo y
convivencia de la comunidad Guatemalteca gracias a las ambiciones
de los funcionarios corruptos de la época.
El consulado general de Guatemala en la ciudad de Los Angeles,
se ha convertido en el centro atención no solo de funcionarios
ambiciosos sino también de los escándalos más
inauditos. ¿Quien no recuerda el escándalo provocado
por Federico Mafioli, -pariente cercano del fallecido ex presidente
Ramiro De León- acusado de obligar a una guatemalteca
a participar en actos pornográficos a cambio de un
pasaporte guatemalteco? Aunque la acusadora nunca compareció
para dar sus declaraciones, el incidente nunca fue desmentido.
Por otro lado, quien se puede olvidar de Rafael Salazar, hoy
flamante embajador de Corea Este digno representante de los
bolos diplomáticos manejando en estado de ebriedad
ocasionó un accidente de transito a plena luz del día.
En la actualidad, el consulado de Guatemala se ha visto de
nuevo envuelto en otro escándalo considerado el más
grave de su historia, gracias a los actos de corrupción
y abusos de poder del ex cónsul Fernando Castillo.
Castillo, se dedico a dirigir una campaña proselitista
orquestada a favor de Jorge Briz para las elecciones presidenciales
del 2007. Además, con su aval se dedico a utilizar
los recursos del consulado para satisfacer no solo sus ambiciones
políticas, sino también, a la malversación
de los dineros de la misión consular.
Sin embargo, las ambiciones de Castillo no pararon ahí.
Contando con el aval de la cancillería, el ex funcionario
traslado las oficinas de la misión consular del cuarto
nivel para el décimo. El ex cónsul se invento
una organización de nombre Fundemi. Una vez que estableció
la supuesta organización a la par de las oficinas de
la sede consular, inicio su negocio personal. Para ello, utilizo
a Francesca Calderón, como presta nombre y quien aparece
como presidenta de la agencia. Por su parte, Carlos Roberto
Calderón, hermano de la sindicada se hace pasar por
el director de la misma.
La supuesta agencia comunitaria manejada por los implicados,
bajo órdenes y supervisión de Castillo, todavía
se dedica a la manipulación de los incautos guatemaltecos
que llegan de lunes a viernes por los distintos trámites
y a quienes les cobran hasta 10 dólares por sacarles
fotocopias de sus documentos personales.
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