VOZ DE LA COMUNIDAD GUATEMALTECA EN LOS ESTADOS UNIDOS • LOS ANGELES CALIFORNIA, DICIEMBRE 16 - 31 2,005
No. 115• AÑO 15 • CIRCULACION QUINCENAL

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La vida de las pandillas del
Este de los Angeles
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La vida de las pandillas del
Este de los Angeles

por Joseph Rodríguez

Veo a Los Angeles como un “Viejo Oeste postmodernista” donde todos tienen un arma y todos la usan. Un lugar fuera de control y algo temible, una tierra de sueños y belleza que funciona bajo sus propias reglas.

Al fotografiar la vida de las pandillas de Los Angeles, mi propósito es el llegar al corazón de la violencia en América, no sólo de la violencia física de uno contra el otro, sino a la violencia silenciosa de separar las familias, la violencia de la segregación y aislamiento. A la experiencia de vivir entre las pandillas del barrio se le conoce como “La vida loca”. Este estilo de vida se originó con las pandillas de pachucos mexicanos en los años 30’s y 40’s, donde su lenguaje y estilo propios de sus barrios en América estaba ligado con el estilo de la juventud citadina de las grandes ciudades mexicanas. Después fueron recreadas por los Cholos (término usado para definir “vida baja” utilizado por la juventud de los barrios Chicanos para describir el estilo o la gente asociada con apariencia de las pandillas locales).

Se volvió el modelo principal y la influencia de los motociclistas prófugos de los años 50’s y 60’s, las escenas punk/rock de los años 70’s y 80’s, y los Crips y Bloods de los 80’s y 90’s. Como comenta León Bing en su libro de 1991Do or Die(Harper Collins):”Era el Cholo de casa el que primero efectuó la caminada e hizo la hablada. Era el Pachuco mexicano-americano quien comenzó con los tatuajes emblémicos, las señas con las manos, las frases en las paredes.”
A pesar de que han habido treguas entre muchas de las pandillas desde las redadas de 1992, muchas guerras entre pandillas continúan. El Este de los Angeles, desde hace mucho tiempo, ha sido un vecindario descuidado con pobladores en su mayoría mexicanos. Tiene el índice más alto de deserción de escuela a nivel nacional. La taza de desempleo fluctúa en un 75 porciento en las áreas más descuidadas, el número de embarazos entre chicas menores de veinte años siempre es alto en esta comunidad.

Hay un riesgo de suicidio entre los muchachos de las pandillas (cuyas edades van de los diez a los veintiun años) cuyas opciones han sido recortadas -sin educación, sin trabajo, sin oportunidades para avanzar. Se paran en las esquinas de las calles y de los parques, haciendo señas de sus respectivas pandillas provocando balaceras. Es o “la torcida” (prisión) o la muerte: el camino de un guerrero aún cuando la supervivencia no está en juego. Y si asesinan, comúnmente las víctimas se ven como ellos, lo más cercano a lo que ellos son. Su propio reflejo. Asesinan y se matan ellos mismos una y otra vez.
Fotos: http://www.streetgangs.com


Emigrar o enrolarse

Para muchos jóvenes guatemaltecos la falta de oportunidades es patética y los coloca en una terrible disyuntiva: son demasiados los que tienen que decidir entre viajar de mojados a Estados Unidos en busca de su futuro o enrolarse en una de las tantas pandillas que proliferan como respuesta a ese frustrante clima de desesperanza que es tan generalizado en un país que fracasa al no poderles ofrecer a sus habitantes siquiera la ilusión de un futuro mejor que es posible mediante el esfuerzo y el trabajo.

El ideal en toda sociedad es que sus miembros tengan acceso a mejores condiciones de vida como producto del esfuerzo y la capacitación. Ha sido el eterno sueño del hombre y todos queremos ver a nuestros hijos viviendo mejor que nosotros, por lo que es frustrante un sistema en el que el pobre parece condenado a morir pobre porque los privilegios se acumulan para unos pocos y la mayoría de la gente no tiene siquiera la esperanza de mejorar con el trabajo. Salvo muy contadas y raras excepciones, quienes nacen dentro de los sectores marginados no pueden superarse y por ello no extraña que nos hayamos convertido en un país exportador de su mejor recurso, el recurso humano, ni que seamos un país plagado por pandillas.

Porque quien se queda en Guatemala encuentra que el crimen ofrece acaso la única oportunidad. Cierto que es riesgosa y que la vida puede ser muy corta para quienes escogen ese terrible camino, pero según el testimonio de muchos de los que se enrolan en las pandillas, prefieren una breve existencia cargada de emociones y con el poder que dan las armas, a una larga vida languideciendo en esa eterna pobreza que ha marcado a sus padres.

Es tiempo de que los guatemaltecos nos detengamos a pensar qué país hemos ido construyendo (o destruyendo, según se quiera ver), al punto de que coloquemos a nuestros jóvenes en tan terrible disyuntiva. Y especialmente quienes gozamos de los privilegios y quienes vivimos en condiciones que pueden considerarse como ajenas a esa generalidad de carencia de oportunidades, hagamos un esfuerzo por entender que es inviable un país como el nuestro y que hace falta un serio esfuerzo de solidaridad y compromiso para cambiar las cosas.
Nos quejamos de la inseguridad, de la violencia y del crimen organizado, pero si no ofrecemos a nuestra juventud una ilusión y oportunidades para alcanzar una vida digna como producto del trabajo y el esfuerzo, imposible esperar que las pandillas desaparezcan o disminuyan. La represión puede contener el problema, pero el caldo de cultivo está allí y tarde o temprano hemos de cosechar las tempestades.

Autoridades en “alerta máxima” por temor a venganza pandilleros

Autoridades guatemaltecas se declararon en “alerta máxima” ante el temor de que las pandillas prosigan en las calles los violentos enfrentamientos, que dejaron 36 muertos.

El ministro guatemalteco de Gobernación, Carlos Vielman, dijo a los periodistas que agentes de la policía, con el apoyo de soldados, patrullarán de forma permanente las zonas donde habitan los pandilleros, para evitar enfrentamientos.
El funcionario dijo que han recibido informaciones de que la temida “Mara 18” planea “cobrar venganza” contra sus rivales de la “Mara Salvatrucha”, presunta instigadora de las matanzas del lunes en las cárceles, que además de los 36 muertos dejaron más de 80 heridos.

Vielman explicó que se han puesto en contacto con las autoridades de El Salvador y Honduras, debido a que sospechan de que “los mareros (pandilleros) de la Salvatrucha podrían recibir ayuda” de esos países en sus planes de venganza.

Las fuerzas de seguridad patrullarán catorce sectores considerados como “zonas rojas” dentro de la capital guatemalteca, así como en los municipios periféricos de Mixco, San Lucas, Villa Nueva y San Juan Sacatepéquez.

El director de la policía, Erwin Sperenssen, advirtió de que actuarán con decisión contra los pandilleros que protagonicen disturbios, ya que “queremos evitar que los problemas originados dentro de las cárceles se trasladen a las calles”.
Además, informó de que se han redoblado las medidas de seguridad dentro de las prisiones para evitar que se repitan los incidentes.

Los sangrientos disturbios del pasado lunes comenzaron luego de que los miembros de la “Mara Salvatrucha”, por motivos que aún se ignoran, rompieran un pacto de no agresión que mantenían en las prisiones con sus rivales de la “Mara 18”.

Pandilleros heridos en los enfrentamientos han advertido desde los hospitales públicos en los que se recuperan que vengarán la muerte de sus compañeros. Aunque las estadísticas de la policía dan cuenta de la existencia de 402 “clikas” o células de las maras Salvatrucha y 18 en toda Guatemala, con unos 13.500 integrantes, las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la rehabilitación de los pandilleros cifran sus miembros en 160.000 jóvenes de entre 12 y 30 años.

La rivalidad entre los integrantes de esas maras se debe a la disputa por el control de los territorios, así como a históricas diferencias entre los máximos líderes de las pandillas, que se originaron en las calles de Los Angeles (EEUU), según los expertos.

Siguen disputas de poder en las cárceles del país.
Mareros de la “18” atacaron a los Salvatruchas en granja Canadá, Escuintla.
Un grupo de pandilleros juveniles se amotinaron en la Granja Penal de Canadá, en el departamento de Escuintla, a 65 kilómetros al sur de la capital guatemalteca, para evitar el traslado de parte de éstos a otra cárcel de mayor seguridad. Más de un centenar de agentes de la PNC y soldados, así como decenas de socorristas, fueron enviados a la prisión para evitar que el motín se torne violento, como los ocurridos resientemente en ocho prisiones del país, que dejaron un saldo de 36 pandilleros muertos y más de 80 heridos. Las autoridades de la Dirección General de Presidios de Guatemala trasladaron, a unos 91 reos miembros de la Mara Salvatrucha, de la cárcel de El Hoyón, donde murieron 18 pandilleros, hacia la cárcel El Boquerón.

El enfrantamiento dejo un saldo de dos heridos leves, informó la Policía.

 

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