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que esta violencia exitosa había establecido a las
guerrillas como poder en su región, Vicente Menchú
apostó por ellos, proporcionándoles un lugar
de reunión y acompañándoles en una protesta.
Pero las fuerzas de seguridad guatemaltecas, que habían
sido preparadas por la ofensiva hemisférica de Castro
con respaldo soviético, respondieron haciendo caer
sobre la región la brutalidad característica.
Las matanzas que sobrevinieron fueron incitadas por familiares
enfurecidos de los campesinos ladinos asesinados buscando
venganza contra los asesinos izquierdistas. El rastro de violencia
dejó muchos inocentes masacrados a su estela, incluyendo
a los padres y a un segundo hermano (cuya muerte Rigoberta
sensacionaliza afirmando que fue quemado vivo y que sus padres
fueron forzados a contemplar la escena).
El
incidente más famoso del libro de Rigoberta es la ocupación
de la embajada española en Guatemala en enero de 1980
por un grupo de guerrillas y campesinos protestando. Vicente
Menchú era el campesino portavoz. La propia ocupación
estaba liderada por el Frente Revolucionario Estudiantil Robín
García. Un testigo describió a David Stoll cómo
prepararon a Vicente Menchú para su papel: Si le hubieran
dicho a Don Vicente, “Dí, el pueblo, unido, jamás
será vencido”, Don Vicente habría dicho,
el pueblo, unido, jamás será vencido. Si le
hubieran dicho a Don Vicente, Levanta tu mano izquierda cuando
lo digas, él habría levantado su mano izquierda.
Más adelante, David Stoll se entrevistó con
una superviviente cuyo marido había muerto en el incidente.
Ella dijo que el viaje surgió en una fiesta de boda
en la iglesia católica de Uspantán. Dos días
después de la ceremonia, la fiesta de boda cambió
de emplazamiento. “Los señores dijeron que iban
a la costa, pero llegaron a la capital”. Una vez allí,
los estudiantes revolucionarios procedieron con su plan de
ocupar la embajada y tomar rehenes, con los sorprendidos mayas
atrapados. Aunque la causa de la tragedia que siguió
no está clara, David Stoll presenta pruebas convincentes
de que un cóctel Molotov traído por los estudiantes
se prendió e incendió la embajada. Al menos
39 personas, Vicente Menchú incluído, fueron
asesinadas.
Como
resultado de la investigación de Stoll, Rigoberta Menchú
ha sido expuesta como agente comunista trabajando para terroristas
que en última instancia eran los responsables de la
muerte de su propia familia. La lealtad de partido de Rigoberta
hacia la causa castrista es tan rígida que después
de que se publicara su libro y se convirtiera en portavoz
internacional de los pueblos indígenas, ella rehusó
denunciar el intento genocida de los dictadores sandinistas
por erradicar a sus indios miskito. Hasta se enfadó
con su propia traductora, Elisabeth Burgos-Debray, por el
tema de los miskitos (Burgos-Debray, junto con otros destacados
izquierdistas franceses, había protestado por los ataques
sandinistas).
La
respuesta de Rigoberta a este descubrimiento de sus mentiras
ha sido, por una parte, “no hay declaraciones”,
y por la otra, añadir otra negación desmayada
de que ella tuviera algo que ver con el libro que la hizo
famosa. Pero David Stoll escuchó dos horas de las grabaciones
que hizo ella para Burgos-Debray (que proporcionan el texto
del libro) y concluye que la narrativa que grabaron es idéntica
a la versión (falsa) de los hechos del propio libro.
Por supuesto, Rigoberta no negó la autoría del
libro al aceptar el premio Nobel.
La
ficticia vida de Rigoberta Menchú es un ejercicio de
propaganda comunista diseñada para incitar el odio
a europeos y occidentales, y a las sociedades que han construido,
y para organizar el apoyo a organizaciones comunistas y terroristas
en guerra contra las democracias de Occidente. También
se ha convertido en el tratado social más influyente
leído por estudiantes universitarios americanos. Se
han escrito más de 15.000 tesis acerca de Rigoberta
Menchú en todo el mundo, aceptando sus mentiras como
evangelio. La propia Rigoberta ha sido receptora de 14 doctorados
honoris causa de prestigiosas universidades, y el comité
del premio Nobel ha convertido a Rigoberta en una figura internacional
y portavoz de “la justicia social y la paz”.
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