Entre mis propósitos
personales para el año dos mil seis espero que el Supremo
me llene de suficiente madurez periodística y que también
ilumine mi entendimiento para hacer mas acertados mis comentarios.
Porque estoy seguro que en aras de realizar bien mi trabajo,
por ahi ofenderé a mas de una persona.
Siendo
esta mi primera columna del año dos mil seis, voy a
compartir con ustedes nuevamente mi opinión sobre los
compromisos que ya se han hecho parte del folklore en todas
las sociedades del mundo. Resulta que después de los
abrazos y los regalados navideños, vienen las fiestas
de fin de año. En ese lapso de tiempo y como por arte
de magia, los seres humanos tendemos a ser más conscientes,
o por lo menos es lo que aparentamos. Si contamos por ahi
con unos cuantos enemigos, tratamos de hacer las paces con
ellos y si alguien nos cae mal, sencillamente tratamos de
que nos caiga bien, por lo menos, mientras nos embriaga la
euforia que nos genera el acontecimiento. Nos humanizamos
de tal manera que hasta somos capaces de fingir algo que muy
por debajo de nuestra piel no sentimos.
Tenemos
pues que con la llegada del nuevo año y por cosas quizás
más de tradición que de una verdadera intensión,
los seres humanos sin importar la condición social
en la que nos desenvolvemos, tanto hombres como mujeres nos
prometemos poner en practica una serie de propositos que,
según nosotros, por razones ajenas a nuestras buenas
intensiones no cumplimos durante el año que terminamos.
Los hombres iniciamos el año prometiendo que dejaremos
de fumar, chupar, parrandear y, entre otras, de ser infieles.
Las mujeres
casadas por su parte, se prometen bajar de peso, ser menos
gritonas y shutes. Las solteras, ni digamos, se prometen otra
tendalada de babosadas que ni ellas mismas se las creen. La
cosa es que con el transcurrir de los meses y en la medida
que nos vamos acercando al final del año, todas aquellas
promesas se convierten precisamente en eso... en puras promesas.
Lo triste del caso es que los propósitos incumplidos
terminan engrosando la lista de promesas que habremos de hacernos
para el año siguiente. Así, sencillamente pasan
los días, los meses y los años, pero los humanos
no cambiamos para nada y seguimos con las costumbres de siempre.
En lo que respecta a nosotros los hombres, continuamos fumando,
chupando, parrandeando y mas infieles que el año anterior.
Las esposas terminan el año descuidadas, gordas, gritonas
y mucho mas shutes que hacia diez años. Las solteras
por el mismo estilo, esperando la llegada de su apuesto príncipe
azul. El que supuestamente llegará para transpórtalas
al castillo, donde según ellas, vivirán eternamente
felices. Estas pobres al final, se tendrán que conformar
con ser parte de ese circulo vicioso que como sociedad ya
hemos formado.
En fin,
el día de hoy, quiero aprovechar el momento ya que
estamos iniciando un nuevo año, para expresarles que
me siento muy agradecido primeramente con el Supremo Creador
del Universo por haberme dado la oportunidad de ser un humilde
instrumento de su obra y servirle de la forma en que puedo
y que en particular, me encanta. ¡Y es el hecho de escribir!.
Así llevarles comentarios e informacion-muy a mi manera-
de los acontecimientos que afectan a nuestros hermanos guatemaltecos
que viven en este país.
Entre
mis propósitos personales para el año dos mil
seis, espero que el Supremo me llene de suficiente madurez
periodística y que también, ilumine mi entendimiento
para hacer mas acertados mis comentarios. Porque estoy seguero
que en aras de realizar bien mi trabajo, por ahi ofenderé
a más de una persona.
¡Feliz año!
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