| No
cabe la menor duda que los guatemaltecos somos, si no los
únicos, por lo menos, los mas originales en cuanto
a nuestra forma identificar las cosas. Prueba de ello son
los chistes, los cuentos, las adivinanzas y tantas otras charadas
que nos hacen ser tan especiales. En esta oportunidad, Guatemala
en USA comparte con sus lectores las distintas formas que
atraves de los anos, los guatemaltecos le hemos dado al dinero.
¡“Son tres chemas y medio don”!... Seguramente
fue la cuenta del gasolinero en una de la pocas estaciones
que habían en Guatemala alla por 1930, cuando la vida
era tranquila y nuestra moneda acababa de recibir el nombre
de Quetzal. El decreto fue realizado por iniciativa del entonces
presidente José Maria Orellana, de allí el coloquial
sobrenombre de chema o chemas, para referirse a los billetes
que sustituyeron al antiguo peso. Vale la pena decir que en
ese entonces hubo gente que no se acostumbraba y como hasta
hoy, todavía hay abuelos que se les sale aquello de
pesos, para referirse a los quetzales.
Mas
tarde, al rededor de los años cuarenta y los cincuenta,
se le siguieron agregando cariñosos motes al quetzalazo
que, orgulloso volaba tan alto como el águila real.
Ni mas ni menos que a la par del dólar norteamericano.
Quince mangos eran suficientes para armar una señora
parranda, mientras que el cine mas caro apenas llegaba a un
perico. Veinte loros era ya un sueldazo para la de adentro
y con dos pepos los patojos hacían barbaridades. ¡Y
como no, si la Pepsi y la Coca apenas costaban seis len (sin
botella)! Cuatro chocas, hacían como hoy, un billete.
Así era la cosa, la vida y la economía. Era
entonces cuando las finanzas de Guatelinda no se habían
puesto tan guatemalas.
Ya
en épocas mas recientes, hará no mas de unos
veintitantos años, fueron surgiendo otros sobrenombres
para la moneda emplumada, que como llora la canción
ranchera: Voló voló y voló, tan alto
como el humo de una hoja seca de elote, cuando la vida se
empezó a poner requetecara. Seguramente por eso al
pobre quetzal también se le dijo tusa. ¿Diez
tusas por esa babosada?...Si ya no alcanza para nada...eran
las quejas chapinas mas comunes. Y efectivamente, la plata
se empezaba a hacer humo, puro humo de tusa. ¡Sesenta
brocas por el enderezado y pintura!...A la gran chucha, si
no fue para tanto. Eran los lamentos de los trasnochados que
chocaban, hasta que conmovido y muy deal pelo, el mecánico
decía tajantemente “cincuenta queques, pues.
Y eso que ya era una gran rebaja pues en aquellos tiempos,
cinco tuercas ya era plata.
Al
entrar la era de la alucinante perdición, coincidió
con el inicio de la caída del otrora majestuoso quetzal,
quien todo desplumado, flaco, hambriento, sucio y maltratado,
paso a ser llamado por los jóvenes del bajo mundo de
esta forma: ¡Son cinco varas maestro, si no nel!.. Es
el regateo del comercio del contrabando, allí entre
chuchitos, argollitas, elotes, manías y los comentados
posters de a dos mangos.
Todo,
todo, desde la desquebrajada economía, hasta el pisoteado
idioma, es el producto directo de lo que se ha querido y dejado
que ocurra en Guatemala. Y a propósito...cuide sus
loros, porque vuelan como esta volando nuestra identidad.
|