VOZ DE LA COMUNIDAD GUATEMALTECA EN LOS ESTADOS UNIDOS • LOS ANGELES CALIFORNIA, FEBRERO 16 - 28 2,006
No. 116 • AÑO 16 • CIRCULACION QUINCENAL

Reportaje Especial
Rigoberta Menchú embustera
[Parte I]
Rigoberta Menchú embustera
[Parte II]
Rigoberta Menchú embustera
[Parte III]
Rigoberta Menchú embustera
[Parte IV]





Rigoberta Menchú embustera
[Parte IV]
Por David Horowitz, Miami
Diarioexterior.com, Madrid

Casi tan notable como el propio timo e indicador del enorme poder cultural de sus autores materiales es el hecho de que la revelación de la mentira de Rigoberta no ha cambiado nada. El comité del Nobel ya ha rehusado reclamar su premio, los miles de cursos universitarios que hicieron de su libro un texto obligatorio para los estudiantes americanos continuarán haciéndolo, y los redactores editoriales de las principales instituciones de prensa ya han defendido sus falsedades con los mismos argumentos que los partidarios del timo de Tawana Brawleys hicieron famosos: incluso aunque miente, dice la verdad.

En un editorial en respuesta a estas revelaciones típico de las reacciones de la prensa, el Los Angeles Times sacó brillo a la enormidad de lo que han labrado Rigoberta, los terroristas guatemaltecos, la izquierda francesa, la comunidad internacional izquierdista de “derechos humanos”, los compañeros de viaje del comité del premio Nobel y los radicales en posesión de la comunidad académica americana. Al tiempo que reconocen que hay algo que no encaja, el Times concluye que sería incorrecto empañar toda la causa por los excesos del libro de Rigoberta. “Tras las mentiras iniciales, el aparato internacional de activismo de los derechos humanos, el periodismo y la academia cooperaron para exagerar la calamitosa condición de los campesinos, cuando un simple relato de la verdad habría sido suficiente”.

¿Pero lo habría sido?  Si el simple relato de la verdad hubiera sido bastante, entonces las mentiras de Rigoberta serían innecesarias. ¿De modo que por qué las dice?. Si hubiera alguna verdad en el mito mismo, las guerrillas de Guatemala no habrían desaparecido en dos o tres años. El hecho es que no hubo sustrato social ninguno para la insurrección armada que estos castristas intentaron forzar, el mismo que hubo en favor del esfuerzo suicida de Guevara en Bolivia años antes. En última instancia, la fuente de la violencia y la miseria resultante que Rigoberta describe en su pequeño libro destructivo es la propia intelligentsia [élite intelectual] izquierdista, para la que esta poseur [presumida] guatemalteca era una heroína marxista que esperaba que sucediese.

Rigoberta Menchú tomó por idiotas a los defensores del tercermundismo en el comité del premio Nobel y a sus irresponsables patrocinadores académicos de Stanford y otras universidades, todos los cuales buscaban tal fraude para legitimar sus fantasías. Junto con los agentes castristas de desinformación tras este proyecto, todos convirtieron a Yo, Rigoberta Menchú en un monstruo, que ahora figura junto a los diarios de Hitler, un pájaro de pluma política similar, como el gran timo literario de nuestra época.

 

 

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