Un polémico
libro publicado en el Reino Unido no sólo viene a cuestionar
los mitos que rodean a este concepto, sino que además
argumenta que la comida basura no existe. He aquí una
de las disyuntivas que sugiere este nuevo enfoque: ¿por
qué se consideran las patatas fritas y las hamburguesas
de los restaurantes de comida rápida ejemplos de “comida
basura” y no se hace lo mismo con los platos ricos en
grasas que sirven los restaurantes más finos, como
el foie gras, que tiene aproximadamente un 80% de grasa?
Ésta
es sólo una de las preguntas que plantea Vincent Marks,
Catedrático de Bioquímica Clínica en
la Universidad de Surrey, Reino Unido, y coeditor del libro
que viene a desafiar el concepto de la “comida basura”
que dice que es agradable para comer y es un sustento para
la vida-, o es buena y se ha vuelto mala -es decir, se ha
deteriorado y estropeado-”.
Según
Marks, “etiquetar la comida como ‘basura’
es una forma diferente de decir ‘la desapruebo’.
Hay malas dietas, es decir, malas mezclas y cantidades de
comida, pero no hay ‘malas comidas’, excepto aquellas
que se han estropeado por la contaminación o el deterioro”.
Para el experto, todos los platos son combinaciones de proteínas,
grasas e hidratos de carbono, y el cuerpo toma de cada comida
lo que necesita y se deshace del resto. “Hasta las hamburguesas
proveen energía de una forma apetecible y asequible”,
argumentó.
Lo
que importa es la dieta:
Vincent Marks argumenta que todo depende de las circunstancias.”Para
la gente con ingresos limitados o en momentos de hambruna,
la comida con alta densidad de energía, que permita
la sobre vivencia, es mejor. Para los más ricos y en
tiempos de bonanza -como ahora en Reino Unido- la fruta es
una parte importante de una dieta variada”, dijo el
catedrático. Una de sus principales conclusiones es
que hay que prestar menos atención a los alimentos
individuales y concentrarse en la dieta. “No existe
la ‘comida basura’, lo que sí existe es
la ‘dieta basura’”, apuntó.
Pecado
capital
Para el doctor Michael Fitzpatrick, escritor de la revista
médica The Lancet y autor del libro “la tiranía
de la salud: los doctores y la regulación de los estilos
de vida”, consumir “comida basura” se ha
convertido en uno de los pecados capitales de nuestro tiempo.”La
sociedad busca regular los estilos de vida mediante la promoción
de miedos a la enfermedad y a la muerte. La dieta es un punto
de atención ideal para este tipo de enfoque por su
asociación histórica con la salud y el bienestar
y por su centralidad en la vida humana”, dijo el doctor.
Por su parte el doctor Ian Campbell, presidente del Foro Nacional
de la Obesidad, considera que las sugerencias de Vincent Marks
son tonterías. “Sin duda, las comidas que tienen
un alto contenido de grasa, azúcar y sal no son sanas”,
dijo Campbell.
“Hay
una cuestión que tiene que ver con cómo definir
‘comida basura’ y estoy seguro de que nunca lograremos
hacerlo absolutamente bien. Pero los productos alimenticios
que alcanzan ciertos puntos de referencia, queriendo decir
que tienen cantidades inaceptables de grasa o azúcar,
se consideran con razón no saludables”. El doctor
Campbell dice que “la evidencia de que la comida con
grandes cantidades de grasa y azúcar contribuye a la
obesidad -que es un grave problema tanto en niños como
en adultos- es absolutamente clara”.
Las
dos Caras:
Nos afectan dos cosas por igual: la malnutrición y
la desnutrición.
Fundamentalmente debido a la pobreza, cientos de miles de
personas en la región sobreviven a base de una dieta
pobre o insuficiente. El Programa Mundial de Alimentos de
Naciones Unidas estima que la tercera parte de la población
infantil latinoamericana -unos 17 millones-, se encuentran
en estado de desnutrición.
En el
otro extremo, cientos de dietas, artículos periodísticos
y avisos publicitarios revelan que el exceso de peso es un
tema de primer orden para otros cientos de miles de latinoamericanos.
Los contenidos de grasas saturadas, azúcares, sales
o las calorías presentes en los alimentos que ingerimos
son ahora cuidadosamente inspeccionados a la hora de seleccionar
un artículo en la góndola del supermercado.
Y problemas
como la obesidad, la hipertensión o el colesterol alto
desatan un rosario de recomendaciones médicas sobre
lo mal que estamos comiendo. Al igual que la desnutrición,
la mala alimentación también nos genera deficiencias
o vulnerabilidades que a menudo resultan mortales.
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