Aplaudo
ese golpe y felicito al Estado de Guatemala por romper ese
nefasto, inmoral e ilegal acuerdo de no intervención
con el principal presidio del sistema penitenciario. Cuando
escribí y envié mi artículo “poder
local y seguridad” a la redacción de Prensa Libre
el sábado pasado, Pavón era aún independiente.
El martes cuando salió publicada mi columna. Ya no
lo era. La operación antiamapola ejecutada en San Marcos
y la recuperación de Pavón son dos acciones
contundentes de este gobierno cuyo fruto principal es el mensaje
implícito que conlleva: la guerra frontal contra los
poderes ocultos que se han mantenido invisibles y han penetrado
todo, estructuras gubernamentales, la economía, el
sistema de justicia y la sociedad civil.
Estas acciones jamás serán tardías, como
lo han señalado algunos políticos. Dar un paso
hacia la dirección correcta jamás será
extemporáneo. Cuando se recupera el norte también
se reubica la posición en el mapa, y eso es valioso.
El editorial de Prensa Libre el día de ayer hace una
crítica a políticos que no tienen la capacidad
de aplaudir lo “aplaudible”. Refleja una mentalidad
causante de nuestro subdesarrollo político: la incapacidad
de ciertos personajes de percibirse como parte de una nave
que navega los mares de su destino enfrentando toda suerte
de limitaciones.
Y es que no importa quién tape la grieta que está
haciendo agua dentro del barco. La acción debería
ser motivo de regocijo y aplauso. Pero esa conciencia de pertenencia,
de ser parte de la tripulación de una nave con una
bandera y un destino común, lamentablemente está
ausente en ciertos políticos. Lo que prevalece es desacreditar
o minimizar los aciertos del gobierno de turno. Ahora se han
sumado a la caravana de descontentos hasta los defensores
de los derechos humanos. El hecho de no haber sido “invitados”
para estar presentes en la operación de Pavón
“les da desconfianza”, según declaran ante
los medios.
“Yo no me explico cómo hacen los presos para
tener más credibilidad que yo”, me confesó
Giammattei al terminar de entrevistarlo en mi programa Esteoeste
hace unas semanas.“Cualquier preso condenado por secuestro
o narcotráfico con plata tramita una exhibición
personal y lo logra en tiempo record. Cuando yo pido que llegue
un juez, me toma un mínimo de 20 días. De plano
que no tengo cuello”, añadió sonriendo.
La aparentemente inquebrantable decisión de Giammattei
de cambiar el sistema de presidios ha rendido frutos. Está
demostrando que con liderazgo y trabajo duro se puede hacer
mucho. Ni las amenazas lo han podido detener. Se ve que no
les ha hecho caso. La recuperación de Pavón
lo comprueba. Ahora la Ley del Sistema Penitenciario por la
cual ha luchado tanto debe recibir el apoyo de todos. Y como
él lo indica, “el reo debe recibir ayuda y asistencia
profesional. En eso el Estado sí debe invertir. Porque
a la larga la sociedad recibe una retribución cuando
el reo se incorpora a la sociedad como un ente productivo
y no como un parásito nefasto”. Es cierto. El
grado de deshumanización que viven los presos ha convertido
las cárceles en fábricas de delincuentes y degenerados
con cero posibilidades de adaptación al finalizar sus
condenas.
Es hora de cambiar todo eso, y la recuperación de Pavón
es un gran primer paso.
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